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TEMA: De Nietzsche y el olvido

De Nietzsche y el olvido 6 días 1 hora antes #16729

  • Cris
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Imagínate agotado, empujado por el día a día, saturado de escritos del trabajo, de tratados filosóficos, de demostraciones científicas. Apenas puedes leer algo más y piensan en cuando eras más joven, en las ilustraciones y las tiras de dibujos, en las frases lapidarias, pocas palabras cargadas de contenido. Confiésalo, solo quieres leer comics. Esa tarde entras en un portal conocido, donde esperas que alguien baje. Paseas pisando las baldosas, escuchando distraído el ruido de tus suelas al golpear el mármol. De pronto te paras delante de una puerta. Entresuelo B y empieza a tomar forma. Esa casa la visitabas con tu padre cuando iba a cobrar los recibos. Tú te ves chaval de siete años y empiezas a recordar a otro de unos 16. Mientras tu padre charlaba con la portera el chico te muestra un montón de cajas, “voy a tirarlas” te dice, “te interesa algo”. Están llenas de comics y TBO. “No las tires” le suplicas “me quedo con todo”. Durante años los lees una y mil veces. Has visitado en muchas ocasiones ese portal en los últimos años pero nunca habías reparado en la puerta del Entresuelo B y de pronto, hoy, agotado, saturado de escritos de trabajo y tratados filosóficos, hoy emerge en tu mente tras un recorrido desde lo más profundo de tu cuerpo, desde la fábrica de instintos y pulsiones.

Cerrar de vez en cuando las puertas y ventanas de la conciencia; no ser molestados por el ruido y la lucha con que nuestro mundo subterráneo de órganos serviciales desarrolla su colaboración y oposición; un poco de silencio, un poco de “tabula rasa” de la conciencia, a fin de que de nuevo haya sitio para lo nuevo, y sobre todo para las funciones y funcionarios más nobles, para el gobernar, el prever, el predeterminar (porque nuestro organismo está determinado de forma oligárquica), éste es el beneficio de la activa, como hemos dicho, capacidad de olvido, una guardiana de la puerta, por así decirlo, una mantenedora del orden anímico, de la tranquilidad, de la etiqueta: con lo cual resulta visible enseguida que sin capacidad de olvido no puede haber ninguna felicidad, ninguna jovialidad, ninguna esperanza, ningún orgullo, ningún presente. La genealogía de la moral (Tratado Segundo)


Nietzsche tiene una inédita postura frente al olvido. Frente al horror que nos produce reconocer haber olvidado algo, nos encontramos con que el tipo revaloriza el olvido. El olvido es positivo y debe ser controlado porque es una puerta oscura hacia la felicidad. Es una forma de aprovechar el presente y no quedarse varado en el pasado. Valoramos la historia como si todo lo ocurrido fuera bueno y caemos en la hipertrofia. Tenemos la urgencia de retenerlo todo. Fijamos un conocimiento y nos abocamos a la histeria de pensar que se perderá en el olvido por lo que lo repetimos incesantemente para fijarlo en nuestra memoria. Olvidar es hacer un esfuerzo de selección, de discriminación, jerarquizando aquello que debe ser olvidado. Es una labor no reflexiva sino espontánea que realiza nuestro cuerpo. Olvidar es depositar en el inconsciente, integrar, digerir, es agregar a la vida del cuerpo. Algo que emerge después y nos genera un sentimiento de estima o nos produce displacer. Olvidar deviene pulsión. Pero ¿cómo educar nuestro cuerpo para olvidar? ¿Cómo sabemos qué contenidos queremos integrar? ¿Qué es ese “gran olvido” que nos va a permitir una mayor felicidad siempre anclados en el presente? Ha habido pueblos enteros que no han sido capaces de digerir. Olvidar es una función vital. Olvidamos aquello que después va a emerger como pulsión. Nuestro organismo trabaja en ello de forma jerárquica, discriminando para hacer un buen uso del olvido. Esto ocurre a nivel individual pero ¿y a nivel social? Nuestra cultura nos transmite datos que educan nuestra conciencia en función de factores que no seleccionamos nosotros, que responden a otras pulsiones y nunca de una forma sistemática sino caótica e irracional. Al ingresar en la sociedad es como si hiciésemos una “promesa”, suspendemos el olvido y aceptamos una memoria construida que nos lanza hacia un futuro. Todo eso que emerge de forma espontánea de nuestro inconsciente y nos hace sentir o actuar de determinada manera responde a una memoria programada, seleccionada por otras pulsiones, por otras voluntades que no son las nuestras.

Mas ¡cuántas cosas presupone todo esto! Para disponer así anticipadamente del futuro, ¡cuánto debe haber aprendido antes el hombre a separar el acontecimiento necesario del causal, a pensar causalmente, a ver y a anticipar lo lejano como presente, a saber establecer con seguridad lo que es fin y lo que es medio para el fin, a saber en general contar, calcular, - cuánto debe el hombre mismo, para lograr esto, haberse vuelto antes calculable, regular, necesario, poder responderse a sí mismo de su propia representación, para finalmente poder responder de sí como futuro a la manera como lo hace quien promete! La Genealogía de la moral (Tratado Segundo)


Sólo el filósofo, tras un inmenso trabajo sabrá determinar qué es aquello que va a olvidar/digerir/integrar, qué es ese impulso que emergerá desde los más profundo de forma inesperada y que nos va a proyectar de esa forma querida por nuestra voluntad.
Leído y escuchado en unos audios de mi programa preferido esta mañana, he corrido para escribirlo antes de olvidarlo para que se impregne de ello mi inconsciente y emerja el día menos pensado en forma de algo que me haga gozar del presente pese a los empujones que la vida me va dando.
“¿Qué es el saber?” Preguntó aquél, “aquello que nos queda cuando lo hemos olvidado todo”.
Última Edición: 6 días 1 hora antes por Cris.
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De Nietzsche y el olvido 5 días 11 horas antes #16734

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Hola Cris:

Freud es un poco más agudo que Nietzsche cuando diferencia entre rememorar y recordar. Yo creo que los beneficios de los que habla Nietzsche es en relación a lo que sería la "rememoración" de algo, que tiene la nota característica de la presentificación: lo que se "rememora" se vuelve a vivir o experimentar, pertenece al presente, como la primera experiencia, es decir, como si se hubiera detenido el tiempo.

El "recuerdo", en cambio, pertenece al pasado por lo que sería una especie de olvido. No es un olvido pero se le parece mucho porque la conciencia lo vive como algo ya ajeno. De este tipo de recuerdo que pertenece al pasado, se conserva lo suficiente para la phrónesis o para progresar en la virtud (prudencia o buena vida). Sin embargo, el olvido según lo comprende esta cita de Nietzsche deja sitio para lo nuevo,según dice, pero respecto de todo: haciendo tabula rasa se deja tambien espacio para los mismos error o las mismas metedura de pata, lo cual frena el mismo progreso de la Vida.

Este tipo de concepto, me refiero al "recuerdo" en el Psicoanálisis, son lo que Hegel llamaba "especulativos" porque son el resultado positivo de unir dos conceptos contrarios (como el arco de Heráclito es el resultado "positivo" de dos fuerzas o tensiones). "Positivo" quiere decir que los contrarios no se destruyen cuando contactan sino que quedan fijados en un nuevo ser o concepto. Si uno examina bien el "recuerdo" del Psicoanálisis comprueba que aúna la memoria y el olvido: el recuerdo está presente en la memoria pero inactivo. Si habría "destrucción", en cambio, de la memoria en el olvido de Nietzsche, que parece hablar de ella como la lobotomía que tanto espantaba a Freud.

Un saludo.
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De Nietzsche y el olvido 13 horas 15 minutos antes #16745

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Ayer estuve buscando en el Zaratustra sobre el olvido, sin mucho éxito. Ah, pero hoy he visto que estaba ya en el primer capítulo del libro.
Cris
Nietzsche tiene una inédita postura frente al olvido. Frente al horror que nos produce reconocer haber olvidado algo, nos encontramos con que el tipo revaloriza el olvido. El olvido es positivo y debe ser controlado porque es una puerta oscura hacia la felicidad. Es una forma de aprovechar el presente y no quedarse varado en el pasado. Valoramos la historia como si todo lo ocurrido fuera bueno y caemos en la hipertrofia. (...) Olvidar es (...) una labor no reflexiva sino espontánea que realiza nuestro cuerpo (...)  Nuestra cultura nos transmite datos que educan nuestra conciencia en función de factores que no seleccionamos nosotros, que responden a otras pulsiones y nunca de una forma sistemática sino caótica e irracional. Al ingresar en la sociedad es como si hiciésemos una “promesa”, suspendemos el olvido y aceptamos una memoria construida que nos lanza hacia un futuro. Todo eso que emerge de forma espontánea de nuestro inconsciente y nos hace sentir o actuar de determinada manera responde a una memoria programada, seleccionada por otras pulsiones, por otras voluntades que no son las nuestras.

Dvillodre.
 Sin embargo, el olvido según lo comprende esta cita de Nietzsche deja sitio para lo nuevo,según dice, pero respecto de todo: haciendo tabula rasa se deja tambien espacio para los mismos error o las mismas metedura de pata, lo cual frena el mismo progreso de la Vida. (...) Si habría "destrucción", en cambio, de la memoria en el olvido de Nietzsche, que parece hablar de ella como la lobotomía que tanto espantaba a Freud.

como hemos dicho, capacidad de olvido, una guardiana de la puerta, por así decirlo, una mantenedora del orden anímico, de la tranquilidad, de la etiqueta: con lo cual resulta visible enseguida que sin capacidad de olvido no puede haber ninguna felicidad, ninguna jovialidad, ninguna esperanza, ningún orgullo, ningún presente. (La genealogía de la moral (Tratado Segundo)

"De las tres transformaciones", primer capítulo del Zaratustra:

Tres transformaciones del espíritu...

El Camello está sometido por el dragón dorado, el "tú debes", y es que el camello busca lo "pesado". De esta pesadez y del espíritu de la pesadez no para de hablarnos Zaratustra: la pesadez es lo contrario del baile y de los pies ligeros del caminante que se sigue a sí mismo. En el Camello el espíritu es paciente renuncia y se arrodilla, quiere que le carguen con peso, con valores e imposiciones de otros, con ese "tú debes" con que el dragón dorado le autoobliga. Así el camello se humilla y hiere a su propia soberbia.

En León se transforma el espíritu en lo más solitario del desierto, pues quiere conquistar su libertad en su propio desierto, ay, por eso lucha con ese dragón dorado de milenarias escamas. Pues venciendo al dragón trasciende los valores sociales de la plebe, todas esas memorias inyectadas por el deber en nosotros, que no son nuestras. El León se crea la libertad para los nuevos valores, pero ay, que el poderoso león, individual en sí mismo, todavía no es capaz de crear valores, pues no es aún inocente pues no es capaz de alcanzar el olvido como última transformación.

Enrique Salgado el de "Cumbre y Abismo" nos cuenta que Nietzsche apunta a la superación de la desgana, para iniciar una nueva inocencia, el niño del Zaratustra como nuevo comienzo. Es la inocencia sabia de quien conoce y ha hecho la digestión de lo sucedido. La inocencia es la sabiduría dionisíaca.

Este olvido entonces, es también un emblema de transformación, es un olvidar una forma de ser para nacer en otra, un olvidar que trasciende los valores de la plebe y crea los nuevos para alcanzar el santo decir sí de la inocencia, un olvido necesario para el renacer.

El niño:
<<Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí.
Si, hermanos míos, para el juego del crear se precisa un santo decir sí: el espíritu quiere ahora su voluntad, el retirado del mundo conquista ahora su mundo>>
(De las tres transformaciones, Así hablaba Zaratustra cap. 1).
Última Edición: 13 horas 10 minutos antes por Ksetram.
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